Las cifras del mercado chileno cuentan dos historias a la vez. Por un lado, el mercado total de livianos y medianos crece apenas 2,3% en el año y en septiembre retrocedió 2,8%, en un contexto de desempleo de 9,6% y un Imacec que cayó 1% en agosto. Por otro, las ventas de autos 100% eléctricos se duplicaron entre enero y agosto —6.902 unidades, ya más que en todo 2025— y los enchufables alcanzan 6,2% de las ventas de livianos. La electromovilidad avanza a contracorriente de la economía, impulsada en parte por un factor que nadie celebra: el alza sostenida de los combustibles. Si se confirman las proyecciones para este jueves, el diésel acumulará un encarecimiento cercano a $400 por litro desde julio.
El problema es que la demanda corre más rápido que la infraestructura. Chile terminó 2025 con 2.088 puntos de carga públicos, de los cuales solo 363 son de carga rápida, y la red se concentra en Santiago y en la Ruta 5 hasta Temuco. Quien viva o viaje al norte de La Serena o al sur de Temuco enfrenta una incertidumbre real. Iniciativas como el convenio de Tarapacá, que financiará 18 taxis eléctricos y un cargador rápido, son valiosas, pero su escala muestra la distancia que queda. Además, la evidencia internacional indica que depender en exceso de la carga rápida acelera el desgaste de las baterías, lo que vuelve aún más importante la carga domiciliaria y en destinos, hoy poco desarrollada fuera de las grandes ciudades.
El contexto global refuerza la urgencia de un plan. Europa acaba de suavizar su meta de 2035 y los mercados vecinos compiten por una oferta de vehículos cada vez más diversa y de precios más bajos. Chile mantiene su objetivo de que el 100% de las ventas de livianos y medianos sean cero emisiones en 2035, con una meta intermedia de 20% en 2030. Cumplirla no depende solo de que haya modelos disponibles ni de quién los fabrique, sino de que exista una red de carga pública confiable, distribuida a lo largo del territorio y con reglas claras para la inversión privada. Sin esa infraestructura, el crecimiento de dos dígitos de hoy corre el riesgo de chocar contra un techo mañana.
